jueves, 11 de octubre de 2018

sacramento de reconciliacion


UNIDAD 2: SACRAMENTOS DE SANACIÓN

2.1 El sacramento de la reconciliación
En el presente tema se pretende dar algunas orientaciones para que los jóvenes, comprendan la riqueza que tiene el sacramento de la reconciliación dentro de un proyecto de vida, que lleva a cada joven a descubrirse como es y a abrirse al don maravilloso de la Gracia misericordia de Dios presentada en el sacramento y a toda la comunidad cristiana.
Hablar del “Sacramento de la Reconciliación” y de la “misericordia de Dios”, es hablar de un sacramento que debe ser entendido en su mayor esplendor para que los jóvenes, quienes se alejan de éste por desconocimiento, vuelvan y lo retomen en su proyecto de vida como elemento que les permitirá ir creciendo en madurez humana y espiritual, para hacer de sus relaciones con el otro, con Dios y consigo mismo, un mundo donde prevalece el hacer el bien para que otros también lo puedan hacer.
Con la ayuda del magisterio de la iglesia se podrá ahondar un poco más en todo lo que conlleva el Sacramento para que los jóvenes opten por tener presente en su proyecto de vida el Sacramento de la Reconciliación, como medio de acercamiento a Dios, a su Gracia, a su misericordia, para que ellos no solo lleguen a ser buenos cristianos, sino también honestos ciudadanos.
El perdón, necesidad del ser humano
Todos podríamos decir la frase "perdono, pero no olvido" porque, si lo entendemos literalmente, cae por su propio peso. Es imposible que olvidemos, no olvidamos nada que nos afecte emocionalmente; si se nos olvida es que nos da igual y si nos da igual entonces tampoco había nada que perdonar. Si hemos hecho el trabajo que requiere el perdón nos ha costado más que suficiente para no ser capaces de olvidarlo.
Pero no lo decimos de forma literal. Lo que queremos decir es que ese perdón no ha sido total, que la otra persona sigue en una especie de "periodo de prueba", que la decepción fue tal que tiene mucho que demostrar.
Es indispensable hablar los problemas, guardar el rencor bajo capas de buenas caras no sirve de nada. En algún momento va a salir y no va a ser agradable. Hay que sentarse y hablarlo; aclarar qué significa para cada uno lo que ha pasado, tratar de entender al otro y hacerse entender comunicando exactamente como nos sentimos y porqué. Asegurarnos de alguna forma que el otro entiende lo que esto ha supuesto para la relación y así reducir la posibilidad de que se repita.
Es esencial confiar, no podemos hablar con una persona automáticamente invalidando todo lo que diga, así no sirve de nada. Si no eres capaz de creer en sus palabras entonces no vas a poder perdonar. Si haces el esfuerzo, permítete preguntar todo lo que necesites.
Pide lo que necesites para perdonar, para esto necesitas reflexionar sobre esta cuestión. Piensa en qué puede hacer la otra persona para que pudieras eliminar esos sentimientos negativos.
 El efecto del sacramento de la reconciliación
Este tema trata de los sacramentos de la curación cristiana: la Penitencia y la Unción de los Enfermos. En una primera parte se explica el por qué estos sacramento so llamado d curación”,   teniend en   cuenta   qu este nombre  es  convencional  y  no  exclusiva,  ya  que  por  antonomasia  el sacramento de curación y de curación radical es la Eucaristía. También desarrollamos el sacramento de la Penitencia, por el cual nos reconciliamos con Dios, con nosotros mismos, con la Iglesia y con la creación. Y finalmente, vemos el sacramento de la Unción de los Enfermos, sacramento que no debe administrarse sólo a los que se encuentran al final de la vida, sino cuando la persona se encuentra debilitada físicamente o por la ancianidad.
El presente tema surge del interés que despierta un tema tan humano, controversial, espiritual y tan actual el efecto liberador del perdón”. El logro de tan delicado tema,  constituirá,  la liberación y sanación de  la persona en sus  áreas físicas,  espirituales  y emocionales,  así  también como su interrelación personal; definitivamente, las necesidades humanas son diversas y la intensidad con que se viven lo es de igual manera, por lo tanto, no pueden sufrir cuantificación en base a una escala establecida, menos determinar el tiempo en que un proceso basado en las necesidades puede durar.
En el caso del efecto del perdón, los elementos que intervienen, humanos, entran en una dimica en la que la acción del Espíritu Santo, la ayuda profesional, el uso de la razón, etc., no pueden realizar una verdadera acción sanadora, ya que para el logro efectivo, la actitud es sin duda alguna factor determinante.

LA PEDAGOGÍA DE JESÚS SOBRE EL PERDÓN Y LA MISERICORDIA

Al  acercarnos  al  Sacramento  de  la  reconciliación  empezamos  un  camino   de crecimiento y sobre todo un camino de conversión que nos debe llevar al re encuentro con Dios, quien como padre amoroso siempre escon los brazos abiertos para  recibir  aquel  hijo  que  estaba  perdido (Lc 15, 20.),  aquel  que  nos ha dado la vida y quien quiere que todos sus hijos no se aparten de Él, por el contrario que todos se sientan acogidos entre sus brazos.
El  encuentro  con  Dios,  es  el  alejamiento  del  pecado  que  nos  había  apartado de ese Padre misericordioso que sigue solícito y providente al hijo en su propio destino, que respeta   la decisiones   d s vida qu l acompañ en   su fragilidad y en sus desaciertos para hacerle entender sus insistentes llamamientos a reemprender el camino del arrepentimiento y de la fidelidad a su amor.   
Encontrarse  con  Dios  es  comprometerse  nuevamente  a  no  fallar   y   a  tratar  de mantenerse fiel aún a pesar de las dificultades y limitaciones que     se presentan a diario. Implica no abandonar a Dios dejando que Él haga sus  obras en nosotros para así poder experimentar la  gracia  que  se  nos  brinda  por medio de la Reconciliación.
El encuentro con Dios implica además de sentir las manos misericordiosas del Padre, un  encuentro  con  el  otro,  con  la  persona  que  he  ofendido  por  mis faltas pues,  recordemos  las  palabras  de  Jesús:   Porque  tuve  hambre,  y  me disteis  de  comer;  tuve  sed  me   distei d beber;   fu forastero  me recibisteis estuv desnudo  me vestisteis;    enfermo,    y    me    visitasteis; estuv en   l cárcel  vinistei  ”.

El Sacramento de la reconciliación no es solo confesar unos “pecados” ante el sacerdote, sino que también es comprometerse con Dios y con el bien de aquel que se encuentra a mi lado, es hacer el bien sin importar quién se encuentra a mi alrededor pues,  hay  que  tener  la  conciencia  de  que  es  el  mismo  Dios  quien es conmigo.

En el Sacramento de la Reconciliación podemos encontrar tres movimientos que nos van  llevando  a  experimentar  la  gracia  de  Dios;  el  primer  momento  se  da en el momento en que yo reconozco mi falta y me siento necesitado del perdón del padre, a este movimiento lo podemos llamar el “Encuentro conmigo mismo”;   el   segundo  movimiento  parte  de  la  necesidad  de  comprometerme  a hacer el bien al otro y si le he ofendido, la necesidad de sentir su perdón, aquí encontramos el segundo movimiento “el encuentro con el otro” que me va a llevar a experimentar el amor de Dios que me acog co su brazo abiertos ese Dios  que  no  juzga  sino  que   quiere   que reconozcamos  nuestras  faltas  para así volver a él, entonces surge el tercer movimiento “El encuentro con Dios”.

Partir de la autoreconciliación

Si    bien  es  cierto  que  en  nuestra  naturaleza  humana    aparece  la  división,  el conflicto,     el  egoísmo,     la  envidia,  el     odio,  y  situaciones que nos generan una experiencia de no- totalidad. De tal modo, que el hombre sintiéndose en medio de un mundo alienado y alienador, a través de mecanismo  estructuras que condicionan, viene a  percibir que su no-totalidad no dependen exclusivamente de él, sino también de  lo  otro”.
En una primera instancia, debemos reconocer que nuestra propia limitación no  es  totalmente  negativa,  sino  posibilidad  de  descubrimiento  del  valor  de  la existencia  humana,  de  la  verdadera  condición  del  hombre,  como  ser  creado, indigente de Dios.
Puesto que el hombre no es ni un “no” ni un “ya”, sino un “todavía no”, un ser inacabado llamado a perfeccionarse. Por tanto, la posibilidad de la reconciliación para el hombre está en la auto- reconciliación con su propia posibilidad y no en la absolutización de la situación Siguiendo este enfoque, la reconciliación es  una  posibilidad  para  poder  ser  que  se  convierte a su vez en necesidad humana.
Eotras  palabrasdiamos  que la  reconciliación se convierte en un imperativo categórico”,     por el  cual     cada  ser  humano de  distinta  manera, tiene la necesidad y la “obligación” de reconstruir su realidad, con el objeto de ser  una  persona  abierta  consigo misma, con el   Otro, con  una comunidad,  y  en esta  perspectiva  pueda  ser  más  humano en un  mundo  lleno  de  hostilidades, de    divisiones,    de    conflictos,    y    de    sin    sentido.    Desde  ésta  visión,  la reconciliación no sólo se centra en sí misma, sino que es un proceso abierto a los Otros.  
En la reconciliación se restablecen los lazos de amor, de amistad, de solidaridad entre el yo y el Otro. Ahora, la reconciliación sacramental restaura los lazos entre el  yo,  el  Otro  y Dios.  En  este  punto  vemos,  qu la  reconciliación  no  es automática porque implica un contexto relacional de invitación divina y acogida humana, es una invitación que se dirige a la libertad humana. Así, reconciliación con Dios pasa por la reconciliación con el otro.
Siendo  la  reconciliació un creació nueva es   dimica, procesual, permanente.  Sin  embargo  para  que  esto  se  dé  es  indispensable primero perdona como camin seguro   haci l verdadera   reconciliación, porque en el perdón encontramos cómo acoger al Otro en nuestro corazón sin esperar nada a cambio, es decir, a través de un amor incondicional.

El acompañamiento Juvenil desde El Proyecto De Vida

Pudimos  acercarnos  al  sacramento  de  la  reconciliación teniendo en cuenta el mundo juvenil y cómo los  jóvenes  desde  su proyecto de vida han ido rechazando o aceptando esta experiencia de reconciliación en su vida, además de comprender un poco el porqué de las actitudes de los jóvenes hacia la vida sacramental en  especial  en  el sacramento de la reconciliación.

Partimos también de una realidad, somos miembros de una Iglesia católica  en  la  que  hemos  crecido  y  donde  profesamos nuestra fe como cristianos que asumimos en nuestra vida, los sentimientos de  Jesús,  que  hizo el bien y predicó el Reinado de Dios.

Es por esto que se hace un acercamiento al sacramento de la reconciliación,  desde  el  magisteridel    Papa    Juan    Pablo    II,    quien    va presentando  desde  la  Sagrada  Escritura  y  desde  la reflexión  de  la  Iglesia,  la riqueza que se encuentra inmersa en el sacramento de la reconciliación.
Se trata entonces de hacer vigente hoy el magisterio de la Iglesia actual que presenta el sacramento de la Reconciliación con toda la riqueza que éste encierra en sí mismo como gracia y como Don de Dios para hacer un mundo más reconciliado con Dios y los otros
Al presentar el sacramento de la Reconciliación desde los escritos del Papa Juan Pablo II no quiere decir que se olvide la historia y las etapas por las que el sacramento ha  ido  pasando,  más  bien  quiere  decir  que  aunque  tenemos  algo reciente no lo conocemos y es por ello que este capítulo pretende ir mostrando el camino de renovación del sacramento que se ha ido presentando en la Iglesia.
Se empieza reconociendo lnecesidad de renovar el Sacramento para así mismo empezar a comprender la grandeza y todo lo que encierra la Reconciliación visto desde un punto más teológico y pastoral. Se busca mostrar la iniciativa de Dios y la respuesta del hombre que se reconoce como pecador a los ojos de un Padre misericordioso para llegar a acciones concretas al momento de acercarse al sacramento de la reconciliación.

Exhortación apostólica “Reconciliatio et Paenitentia”

En esta exhortación el Papa hace una invitación a “volver a encontrar las mismas palabras con las que Jesús quiso inaugurar su predicación, de convertirse y creer en el evangelio” y así mismo la Iglesia quiere renovar este llamado de Jesús para que podamos comprender  que  acercarnos  a  Jesús  es  volver  a  Dios,  y  los hermanos.
El Papa entonces dentro de su escrito, a partir de un proceso de comprensión, nos va llevando a ir descubriendo en el sacramento de la Reconciliación el acercamiento a la persona de Jesús,  quien  cada día nos llama para   que podamos estar en la paz que nos da.
En un primer momento, encontramos  que  la  conversión  y  la  reconciliación son una tarea privilegiada e importante de la Iglesia y que ella (la Iglesia) es la garantía para que el hombre se acerque a este sacramento. Aquí se invita a recorda el   pasaje bíblico del Padre misericordioso (Lc. 15, 11 32.) donde se hace  un  énfasis  especial  en  las  actitudes  de  los  hermanos,  uno  el  que  estaba perdido, aquel que pidió su parte en la fortuna del Padre y se va para derrochar su dinero y alejarse de su Padre quien no lo olvida sino que siempre espera ansioso su llegada de nuevo, Él no le cierra las puertas, sino que la deja abiertas para que este hijo que se ha ido vuelva a sus brazos.
Aquí  es  donde  podemos  identificarnos   con   este   hijo   cuando   nos sentimos “Hechizados por la tentación de apartarnos del Padre para vivir independientemente la propia existencia” (Reconciliación y Penitencia n° 5.).
El segundo hermano, el que se queda en casa no deja de reprochar a su Padre porque cuando aquel hijo volvió, él lo recibe con fiesta  y con los brazos abiertos, actitud en la que nosotros como hombres nos vemos envueltos cuando solo nos encargamos de recriminar  y  de  reprochar  el  mal  que  el  otro  ha  hecho,  y  no permitimos  que  aquella persona que se ha equivocado se reconcilie, sino que la marginamos y la tachamos de pecadora. Allí es cuando Jesús en su  gran sabiduría y amor nos presenta esta parábola, para que la Iglesia haciendo suya  la llamada contenida en esta parábola de la misericordia comprenda la misión de trabajar por la conversión de los corazones y por la reconciliación de los hombres con Dios.

La reconciliación es iniciativa de Dios (Reconciliación y Penitencia n° 7.) , quien  así  como  en  la  Parábola  del  padre misericordioso, espera siempre al hijo perdido sin importar lo que ha hecho siempre y cuando llegue con la conciencia de que ha fallado y quiere volver nuevamente a los brazos de aquel Padre      que siempre lo cuida y está al lado de él. Es por ello que la Iglesia también se  convierte  en  Sacramento  de  reconciliación,  es  decir,  signo  e instrumento de  reconciliación (Reconciliación y Penitencia n° 11),  no  es  solo  garantía del  Sacramento,  sino  que  ella misma es Sacramento para la humanidad.
En un segundo momento, esta exhortación pretende demostrar que el Amor (Amor entendido desde la persona de Cristo; amor incondicional, entregado que es capaz de dar la vida por la salvación de las personas es más grande que el pecado, porque Jesús con su muerte rompió las cadenas de la muerte y liberó al ser humano de todo pecado “destruyendo el documento que contenía la deuda contraída por el antiguo pecado”
Todo esto ha llevado al hombre a una pérdida de sentido del pecado como lo expresa el  pontífice  en  su  exhortación,  pues,  cuando  yo  vivo  sin  un  horizonte y sin un referente moral me voy acostumbrando a actuar de tal forma que todo lo que yo haga está bien. Vivimos en un mundo que relativiza las cosas y esto es debido a que se ha ido sacando a Dios de nuestras vidas y actuamos como queremos es   decir,   vamos  apagando  nuestra  conciencia  porque  se  han  ido “perdiendo los valores absolutos y los fundamentos y criterios de la actitud moral”.
Termina   el   Papa dándono uno elemento propio para   qu s pueda difundir la riqueza del sacramento y cómo nosotros podemos ir asumiendo en nuestras vidas este sacramento  y  en  especial,  cómo  podemos  ayudar  a  los jóvenes a asumir en su proyecto de vida el Sacramento de la Reconciliación como   actitu permanente   de conversión. Estos elementos son el diálogo, la catequesis  y  los  demás  sacramentos,  en  especial  el  de  la  Eucaristía  donde  se puede percibir y experimentar la experiencia de Dios de que espera que volvamos a sus brazos.
El sacramento de la reconciliación es entonces el sacramento del re encuentro, del volver a los  brazos  de  ese  Padre  que  nos  espera  con  ansia  y  que  quiere que reconozcamos nuestro error al momento de irnos de la casa.

¿Quién, cómo, cuándo, dónde, con quién me reconcilio?
Muchos de los jóvenes han dejado de acudir al sacramento porque no lo conocen, porque  no  saben  cómo  hacerlo,  porque  les  da  miedo  de  que  los juzguen,  porque  no saben de qué confesarse; en este apartado y como especie de síntesis de todo lo dicho en los demás capítulos presento algunos elementos básicos que los jóvenes deben tener en cuenta a la hora de abordar el sacramento.

Lo primero que hay que aclarar es la siguiente pregunta ¿Qué es el Sacramento de la reconciliación? Pregunta a la que podemos responder diciendo que es una celebración litúrgica, un acto de glorificación al Padre por la acción salvadora dada en el perdón, es una celebración del re - encuentro del hombre consigo mismo y con Dios, además de  una  transformación  humana  y  espiritual  obrada por  el  Espíritu  de Jesucristo en el penitente.
“El sacramento de la Reconciliación es un momento de regocijo por este re – encuentro  del  hijo  con  su  Padre  en  la  Iglesia,  que  es  la  familia  de  Dios.  Es la fiesta  de  la  vuelta,  de  la  conversión,  de  la  acogida,  del  olvido  del  Padre que reconcilia consigo a su hijo y de la novedad de vida que éste comienza a experimentar, recuperada su amistad y su cercanía; la fiesta que celebra la familia de la Iglesia al regreso del hijo que se había alejado”.
Además  de  ser  celebración,  también  es  Sacramento  porque  significa  algo  que ocurre de verdad, es decir, es signo que comunica el perdón y la vida. En este sacramento se celebran tres cosas:
Ø  La Misericordia de Dios Padre: Quien recibe a su hijo sin humillaciones ni  reproches,  lo  recoge  amorosamente,  lo  perdona  sin reparos y sin hacer énfasis en su falta; el Padre celebra el hallazgo de quien se había perdido, además del retorno del hijo rebelde que vuelve donde aquel que siempre lo ha amado.
Ø  La Conversión del Hijo: Quien toma conciencia de la realidad de pecado en la  que  vivía  y  siente  el  deseo  de  un  cambio,  de  la  necesidad  de  una conversión,  de  ser  sincero  emprendiendo  un  camino  de  reconciliación; aquí también se hace explicita la fortaleza que Dios le  da para romper definitivamente con todo aquello que lo estaba alejand d s Padre.
Ø  Los frutos de la nueva relación de filiación y amistad:  luego de hacer     el compromiso de cumplir con el mandato de Jesús cuando perdonaba    los pecados  “Vete  y  no  peques  más” (Reconciliación y Penitencia  n° 29) se celebra el gozo del amor y la paz alcanzada en la nueva vida  que  surge  de  la  reconciliación,  aquí  se  renuevan los    objetivos, los    prositos,    las    actitudes,    el    proyecto    y    sobre    todo    se experimenta  el  amor  paternal  de  Dios  manifestado  en  Cristo,  nuestro salvador.
Comprender entonces el Sacramento de la Reconciliación desde esta perspectiva nos debe llevar como cristianos a buscar cada día el camino de conversión para acercarme cada vez más a Dios y en este caso especial en el que nos dedicamos a los jóvenes y a ayudarles a asumir el  Sacramento  dentro de su proyecto de vida, es dar a conocer a ellos  que  la  Reconciliación no es como ellos lo han presentado y como ellos la ven en el primer capítulo de este trabajo, sino que implica muchas cosas más que ellos  no han  visto  no  por  culpa  de  ellos,  sino  en  muchos  casos  por  culpa de los guías del cristianismo.
Surgen  aquí  las  preguntas  que  tenemos  en  el  título  de  este  apartado, ¿Quién,  cómo, cuándo,  dónde,  con  quién  me  reconcilio?  
A lo que podemos responder que apuntamos a llevar a los jóvenes a asumir en su vida y en especial en su proyecto de vida el Sacramento de la reconciliación como uno de los elementos que los lleve a ir haciendo ciertos cambios y ajustes en su vida.
A la primera pregunta se puede responder que quien se reconcilia es un joven que busca orientar su vida hacía una meta que se ha fijado en su proyecto de vida, no olvidando que dentro del proyecto de vida y  de  acuerdo al seguimiento esa meta puede ir tomando otros rumbos. Quien se reconcilia además es un cristiano que busca el   re   –   encuentro   co Dios, consigo  mismo  y  con  lodemás,  es  una  persona  que pretende  hacer  el bien a los otros pero que tiene conciencia de que en algunas ocasiones no  obra  según  el  parecer  de  Dios,  sino  según  su  propio  parecer.
La persona que se acerca a reconciliarse por medio del sacramento es alguien  que siente  la  necesidad  de  estar  cerca  a  Dios,  de  re-encontrar el camino que se ha ido perdiendo por las actitudes de egoísmo y de encerramiento en sí mismo, olvidándose del otro y de Dios.
La segunda pregunta que es  ¿Cómo hago para acercarme al sacramento? Es una pregunta en la que la mayoría de los jóvenes se quedan y no acuden a este sacramento porque no saben cómo hacerlo. A esta pregunta encontramos muchas respuestas y muchas formas de “confesarnos” y tal vez   po ell es   qu el   joven   s siente confundido, porque le han dicho tantas cosas que al final no sabe cuál es la verdadera.
Se puede entonces decir que para acercarse al Sacramento de la Reconciliación  es necesario  tener  en  cuenta  que  he  faltado  a  Dios,  al hermano  y  a   mismo,  es  decir que un buen examen de conciencia debe estar guiado por toda la reflexión de lo que he hecho mal y ha ofendido a Dios, al otro y a mismo.
Terminando este apartado surge una de las preguntas más grandes al momento de acercarse al sacramento de la reconciliación ¿Con quién me reconcilio?  O mejor ¿Quién me ayuda a reconciliarme?  A  lo  que  se  responde, con  un  Sacerdote,  que  es mediador entre los hombres y sobre todo que nos permite acercarnos a la multiforme gracia de Dios (1 Pe 4, 10-11), sacerdote que al momento del sacramento no es más que un medio por el cual Dios manifiesta su gracia a los hombres. Desde la perspectiva del acompañamiento  al  proyecto  de  vida  de  los  jóvenes,  el  muchacho  debe acercarse a un sacerdote con el cual se sienta en confianza, al que él le pueda abrir su corazón y con el que se sienta libre para expresar todo lo que guarda en su corazón.
El  sacerdote  es  el  ministro  del  sacramento,  por  ello  debe  ser  el  reflejo del Padre misericordioso donde el penitente se sienta acogido  como  el “hijo” que vuelve a los brazos de su Padre.  El sacerdote  debe  también tener una preparación adecuada para así mismo poder ser el  guía  de  aquella persona que se acerca al sacramento.
Juan Pablo II nos dice:Se  impone,  pues,  una  preparación  seria  y  cuidada,  no  fragmentaria,  sino integral y armónica, en las diversas ramas de la teología, en la pedagogía y en la sicología, en la metodología del diálogo y, sobre todo en el conocimiento vivo y comunicativo de la Palabra  de  Dios. 
Pero todavía es más necesario que  (el confesor) viva una vida espiritual intensa y genuina. Para guiar a los demás por el  camino  de  la  perfección  cristiana,  el  ministro de  la  penitencia  debe recorrer en primer lugar él mismo este camino, y más, con los hechos que con los largos discursos,  dar  prueba  de  experiencia  real  de  la  oración  vivida, de    práctica    de  virtudes    evangélicas    teologales    y    morales,    de    fiel obedienci  l volunta de Dios, de amor a la Iglesia y de docilidad a su Magisterio”.

Hacia una praxis del sacramento de la Reconciliación en perspectiva del encuentro
La  reconciliación  tiene  un    hondo  enraizamiento  antropológico,  existencial  y social,  en  el sentido de que viene a responder a la necesidad que el hombre siente de recuperar el ideal perdido, de reafirmar aquellos valores que dan sentido a su vida, de reconstruir su historia personal  con la historia de los demás.
En cierto modo, la reconciliación se convierte en “paradigma” de transformación para el ser humano, puesto que en ella, el hombre y la mujer tienen la capacidad de encontrarse a sí mismos y de reconocerse ante sí y ante los demás.
A partir del reconocimiento de sí el ser humano empieza a reconciliarse tanto personalmente como colectivamente, lo cual le va a permitir reconstruir su historia de vida, con el fin de recuperar aquello que ha sido destruido o entrado en conflicto.
La reconciliación es una realidad multidimensional. No se limita a la actividad reconciliadora de Dios. Supone afrontar el mutuo extrañamiento y la alienación provocados por la violencia y la opresión. Además, posee una dimensión cósmica que apenas comprendemos. La reconciliación debe abarcar   todas las dimensiones de la realidad.
Desde esta perspectiva vemos que una verdadera reconciliación abarca todas   las dimensiones de la realidad, así mismo la dimensión sacramental de la reconciliación que va significar un mayor reconocimiento de la misma en aras de propiciar el encuentro, y  el diálogo con el Otro.
Para los jóvenes el lugar privilegiado para acercarse al sacramento debe ser entonces el  encuentro  con  un  sacerdote  disponible,  que  asumiendo  las actitudes del Padre misericordioso lo acoge y lo lleva a experimentar su gracia,  en  la  escucha,  en  la acogida agradable, en los consejos dados para su proyecto de vida, en la articulación de la vida con la realidad con la que se acerca  el  joven.  No  hay  un  lugar  determinado  en  el  espacio,  sino  que  se convierte en un momento especial de re – encuentro con el amor de Dios que se  nos  da  por  medio  del  Sacramento  de  la  Reconciliación.
Siendo la reconciliación vital para la existencia humana, la gracia configura la reconciliació en   el  sentid d qu redimension l existenci misma, afincándose  en  las  distintas  realidades humanas, las cuales van a permitir una historia de liberación y de salvación para la persona, o para la comunidad  cristiana como tal.
El verdadero sentido para que la acción pastoral tenga repercusión    en los diferentes contextos sociales en los cuales vivimos se da a partir de la gracia que Dios nos da, y así ha de propiciar una praxis liberadora del encuentro.    En  la  cual,    el    perdón,    la  reconciliación,  y  el  encuentro  han  de transformar dichos contextos sociales, pero instaura una dinámica de perdón que impulsa hacia la reconciliación de la realidad. El perdón inaugura una dimensión humana nueva y una auntica  ternura  en  los conflictos,  sin  necesidad  de  suprimirlos.


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INGENIERÍA DE SISTEMA 4-A1 - 1-2020

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